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Jueves, 12 Junio 2014 06:47

12 DE JUNIO "DIA DE LA PAZ DEL CHACO"

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El 12 de junio de 1935, Paraguay y Bolivia firmaron el Protocolo de Paz, luego de tres años de guerra por el territorio del Chaco.

Se estima que quedan alrededor de 2.000 excombatientes paraguayos. 

Se reúne la Conferencia de la Paz
Para buscar la solución del problema de fronteras entre el Paraguay y Bolivia, inauguró sus deliberaciones en Buenos Aires, el 1° de julio de 1935 la Conferencia de Paz, integrada por representantes de los ex beligerantes y de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, bajo la presidencia del canciller de la Argentina, doctor Carlos Saavedra Lamas. La jefatura de la Delegación paraguaya fue confiada al doctor Jerónimo Zubizarreta. Elío continuó dirigiendo la de Bolivia. Mientras la Comisión militar neutral vigilaba sobre el terreno la desmovilización de los ejércitos, la Conferencia se dedicó al estudio de las diversas cuestiones cuya solución debía promover de acuerdo con el Protocolo de Paz, obrando sus miembros neutrales como cuerpo mediador. El primer acuerdo a que llegó fue el de la constitución de una Comisión internacional que debía dictaminar sobre las responsabilidades de la guerra, pero que nunca tuvo vida por acuerdo tácito de los ex beligerantes. La desmovilización se realizó sin ningún incidente. Dentro de los noventa días fijados por el Protocolo, Bolivia licenció 54.105 y Paraguay 46.515, hasta quedar reducido ambos ejércitos al máximo estipulado de 5.000 soldados. Terminada la desmovilización, la Comisión militar neutral regresó a Buenos Aires y la Conferencia de la Paz, después de aprobar sus informes, dictó una resolución declarando terminada la guerra entre el Paraguay y Bolivia.

Estigarribia es clamado en Asunción

Al terminar la desmovilización de Estigarribia hizo su entrada en Asunción, al frente de sus tropas y en medio de júbilo popular. El Congreso acababa de crear para él el grado de General de Ejército y de otorgarle una pensión vitalicia. El mensaje del presidente Ayala, a quien correspondió la iniciativa, decía: “Designio del proyecto es premiar con una jerarquía excepcional al ilustre jefe militar que ha mandado el Ejército durante la campaña del Chaco. Una democracia de honra al reconocer y consagrar los méritos de los ciudadanos que meren bien de la Patria. No ha de esperar que ello desaparezca ni ha de limitarse el reconocimiento nacional a título honorífico. El general Estigarribia, por sus condiciones intelectuales y de carácter, y por su juventud, está llamado a prestar eminentes servicios por mucho tiempo a la Nación. Es nuestro deber independizarle de los cuidados materiales, que hasta hoy ha sacrificado con entero desprendimiento. El general Estigarribia es un prócer paraguayo de la más pura estampa”.

Homenaje al presidente Ayala

El Congreso, valorando lo que la hábil y enérgica conducción nacional en manos del doctor Eusebio Ayala había significado para la defensa del Chaco, le rindió también un homenaje excepcional. Le condecoró con una medalla especialmente creada que le fue entregada en una sesión pública durante la cual el presidente del Congreso, doctor Casal Ribeiro, rindió justicia a los méritos que Ayala había conseguido ante la gratitud nacional. El presidente Ayala expresó que los resultados obtenidos se debían al esfuerzo común, agregando que en la guerra del Chaco se comprobó cual era la capacidad paraguaya, manifestada en la lucha a pesar de los lúgubres vaticinios del pesimismo. “El desaliento – dijo – ha rondado por las esferas en donde se escudriña más el pasado que el alma del presente y en donde la aureola de lo legendario empaña la visión de las nuevas realidades. Hemos esgrimido la Historia para condenar a las generaciones a que pertenecemos; hemos enseñado nuestro pasado como la cumbre de donde fuimos precipitados al abismo de la decadencia. La guerra del Chaco reanudó el curso de nuestra historia y restableció la filiación de los sucesos”.

La Conferencia propone una línea de frontera

Sugerida por el presidente de la Comisión militar neutral, general Martínez Pita, la Conferencia de la Paz formuló a las partes, el 15 de octubre de 1935, una proposición de arreglo de la cuestión de fronteras, que consistió en una línea diagonal desde un punto situado entre Bahía Negra y el río Negro y la intersección del paralelo 22 en el río Pilcomayo. La fórmula estaba inspirada por el pensamiento de dividir el Chaco salomónicamente en dos partes más o menos iguales y en conceder a Bolivia una porción, aunque fuera mínima y completamente inutilizable, del litoral del río Paraguay. La Delegación paraguaya rechazó terminantemente el proyecto, por considerar que vulneraba gravemente “sus intereses y derechos fundamentales”. Decía la nota paraguaya: “Las líneas que sugiere son puramente geométricas, vale decir artificiales. Sólo alcanzamos a ver en él un criterio puramente transaccionista, que por resultar en desmedro del ya escaso patrimonio territorial de nuestro país, nos es imposible aceptar”. Y continuaba: “Bolivia apeló a la guerra para apoderarse de ese mismo territorio. El litoral fue el norte de la invasión boliviana y el propósito quedó frustrado por la guerra misma. ¿El Paraguay ha de pagar esa conducta, que le ha costado sangre y dolores, con el premio de una concesión que importaría el sacrificio de una gran parte de su territorio”. La Delegación paraguaya, en contrapropuesta, propuso como punto de partida de la solución el reconocimiento de la soberanía paraguaya sobre el polígono determinado por las líneas de las posiciones ocupadas en aquellos momentos, sin perjuicio de someter a arbitraje el resto del territorio occidental. Bolivia tampoco aceptó la fórmula de la Conferencia, haciendo a su turno otra contraposición: surgió la línea Fuerte Olimpo-Fortín Linares.

Repatriación de prisioneros

Fracasada esta primera tentativa de arreglo de la cuestión principal, la Conferencia de la Paz concentró sus esfuerzos en la negociación de un acuerdo sobre la devolución recíproca de los prisioneros de guerra. La Delegación paraguaya sostuvo que por los usos internacionales no cabía la liberación total de los cautivos sino después del Tratado definitivo de Paz. Bolivia alegó que la declaración de terminación de la guerra equivalía a ese tratado a los efectos de la devolución de los prisioneros. La Conferencia interesada en que se obtuviera la libertad de los cautivos, destacó una Delegación especial a Asunción, y finalmente el Paraguay, rindiéndose a las razones humanitarias alegadas, aceptó por el acta protocolizada del 21 de enero de 1636 que se procediera a la devolución recíproca de los prisioneros, sin esperar la concertación del Tratado definitivo de paz. Por el mismo documento quedaron confirmadas las obligaciones derivadas del Protocolo del 12 de junio relativas a la Conferencia de la Paz; a la cesación definitiva de las hostilidades sobre la base de las posiciones, tal como ellas habían sido determinadas por la Comisión militar neutral; a las medidas de seguridad cuya subsistencia, después de la declaración de terminación de la guerra, era objeto de controversias, y al reconocimiento de la doctrina del 3 de agosto. De este modo se dio carácter de estatuto territorial provisional a la demarcación de las posiciones militares, hecha por el Protocolo del 12 de junio solamente a los efectos del término de las hostilidades. La Conferencia, poco después, entraba en receso, después de constituir una Comisión ejecutiva.

Signos de agitación popular

“A pasado de glorias, presente de ignominias”, era el lema con que los críticos de las clases dirigentes expresaban su pertinaz pesimismo. La gesta del Chaco mostró la sinrazón del desaliento y abrió el paso a concepciones más alentadoras del porvenir nacional. En el pueblo la guerra había operado una profunda transformación. Había adquirido una gran victoria una concepción de su propio valer, inesperada y vivificante, y se sentía desazonado porque su poderosa energía, tan brillantemente revelada, no fuera hasta entonces aplicada a la obra de su propio progreso y bienestar como lo había sido en la empresa bélica. De aquí a culpar a las instituciones y a las costumbres política el atraso económico en que vivía el país no había sino un paso.
Las concepciones que moldearon la vida nacional desde 1870 y mediante las cuales la nación acababa de salvarse de la catástrofe y había ganado la guerra, fueron así sometidas en un confuso proceso de crítica disolvente, que amenazaba arrasarlo todo, lo bueno y lo malo, si la clase dirigentes no procedían sin demora a una revisión integral. Ayala señaló valientemente el camino a seguir ante la efervescente inquietud popular: “Una profunda revolución – dijo ante el Congreso – se está operando en nuestra nación, revolución cuyo proceso radica, hoy por hoy, íntegramente, en las conciencias. No nos aferremos, nosotros que pretendemos ser guías e inspiradores del pueblo, a las viejas concepciones que van caducando… Falta que las clases responsables de la sociedad asuman el papel que les corresponde en nuestra democracia”. Y agregaba: “El país se encuentra en una situación que no admite compás de espera. Tenemos que obrar, en seguida”.

Movimiento militar del 17 de febrero de 1936

Las admoniciones de Ayala no fueron atendidas. Su proyecto de reforma agraria, que contenía avanzadas innovaciones, no prosperó en el Parlamento. En la euforia de la victoria, las clases políticas dirigentes, en vez de concentrar sus esfuerzos en los problemas creados por la guerra, dedicaron su interés al problema de la sucesión presidencial, finalizando como estaba el periodo de Ayala. Una corriente de opinión a favor de la reforma constitucional para hacer posible la reelección del doctor Ayala contribuyó a acrecentar el malestar público. La desmovilización, por otra parte, suscitaba problemas de difícil solución. La masa campesina había sido licenciada sin ninguna dificultad. No así el numeroso cuadro de oficiales, cuya resorción por la vida civil no podía efectuarse sino lentamente.
Los elementos políticos, que ya en el Chaco trabajaban el espíritu de los militares para canalizar en su provecho la inquietud popular, hicieron cundir la versión de que el general Estigarribia se proponía licenciarlos en masa, automáticamente y sin compensación alguna. Los oficiales de la reserva, que formaban la gran mayoría del Ejército, comenzaron a agruparse y a tratar con los políticos que preconizaban la necesidad de que las instituciones armadas asumieran el poder. El coronel Rafael Franco, a quien se vindicaba como director de estos trabajos, fue obligado a abandonar el país a fines de enero. En su ausencia, la conspiración siguió adelante y se decidió a realizar el movimiento al conocerse las órdenes de retiro de una gran masa de oficiales atribuidas a Estigarribia. El 17 de febrero de 1936 se sublevaron las fuerzas de Campo Grande y marcharon sobre la ciudad, donde el Gobierno organizó la resistencia de las fuerzas policiales. Se combatió todo el día. A las nueve de la noche, el presidente Ayala presentó su renuncia al mando revolucionario y quedó arrestado. El 20, Estigarribia, a quien los sucesos sorprendieron en el Chaco, fue también arrestado a su llegada en Asunción. Los militares sublevados subscribieron un “acta plebiscitaria” designando presidente provisional al coronel Franco, derogando la Constitución de 1870 y disolviendo el Parlamento, todo en nombre de la Revolución que Ayala había sido el primero en anunciar. El Partido Liberal fue extrañado de la vida política. De este modo, por el desenvolvimiento de una de las tantas crisis desatadas por la guerra, la de la desmovilización, eran arrojados a la prisión, al día siguiente de la victoria, sus dos grande autores, e irrumpía en el escenario político del país el militarismo, que se sentía con fuerza suficiente para reemplazar en la dirección del Estado a los partidos políticos organizados.

La Conferencia busca nuevas seguridades

Casi simultáneamente, también en Bolivia el Ejército se había apoderado del gobierno. La Conferencia de la Paz, cuando reanudó sus actividades, no creyó oportuno debatir la cuestión de fondo, y alarmados por algunos pequeños incidentes que se habían suscitado entre las guarniciones militares fronterizas, estimó más conveniente empeñarse en mejorar el régimen de seguridad creado por el Protocolo del 12 de junio. El 21 de agosto de 1936 resolvió reasumir las funciones de policía y control que a los efectos de la desmovilización, los dos países habían reconocido a la Comisión militar neutral, entre las líneas de separación que con ese objeto definido habían sido establecidas y creando de este modo una especie de “zona neutral”.
La Delegación del Paraguay, cuya presidencia había sido confiada por el nuevo Gobierno a J. Isidro Ramírez, se negó a reconocer en su amplitud las facultades que la Conferencia de la Paz alegaba poseer, expresando que en el Chaco no había ninguna zona neutral y que la única “línea de separación”, consagrada por los protocolos era la de los hitos, sobre la cual admitía a la Comisión militar solo una misión de vigilancia. Bolivia, por su parte, aceptó la nueva reglamentación, que le permitía usar, sin el control paraguayo, el camino Villa Montes-Santa Cruz, parte del cual, al terminar las hostilidades, había quedado bajo la jurisdicción paraguaya. El debate que con este motivo se suscitó malogró la reanudación de las relaciones diplomáticas, que se había acordado bajo los auspicios de la Conferencia. Durante el resto del año 1936 las discusiones versaron sobre las cuestiones de seguridad, hasta que con motivo de la reunión en Buenos Aires, en diciembre de ese año, de la Conferencia de la Consolidación de la Paz Americana, convocada por el presidente Roosevelt, la Conferencia de la Paz intentó un serio esfuerzo para llegar a la solución de problemas de límites.

El Gobierno paraguayo teme las repercusiones políticas

Reiteradas instancias lograron que el canciller Juan Stefanich se trasladara a Buenos Aires para tratar con el canciller boliviano Enrique Finot, y con la mediación de la Conferencia de la Paz, poderosamente reforzada con los cancilleres del Brasil, Macedo Soares y de Chile, Cruchaga Tocornal, la cuestión territorial. El canciller Macedo Soares presentó al Paraguay, como base de discusión, una proposición según la cual la frontera se trazaría por O’Orbigny, Capirenda hasta el Parapití y desde allí hasta Fortín Galpón. A principio Stefanich no quiso siquiera aceptar la discusión del problema de fronteras, alegando “que la política partidaria en el Paraguay haría imposible una solución en ese momento”. Cuando el 25 de diciembre el canciller Macedo Soares le pidió que se ratificara en las manifestaciones que había hecho de que el Gobierno temía repercusiones políticas, particularmente en el Ejército, el canciller Stefanich asistió: “Eso es exacto – dijo - ; el gobierno de Franco descansa sobre bayonetas”. Y agregó que “ni él ni el coronel franco tenían suficiente autoridad, y que el Ejército y los ex combatientes no apoyarían ninguna solución territorial que no diera al Paraguay toda el área ocupada, más el arbitraje del resto del Chaco”.
No se llegó a ningún acuerdo y la Conferencia de la Paz renovó su esfuerzos para impedir incidentes en el Chaco, obteniendo el 9 de enero de 1937 que el Paraguay consistiera el tránsito comercial, con la fiscalización neutral, del camino Villa Montes-Santa Cruz, y el 23 de abril de 1937 sancionó una reglamentación de las funciones de vigilancia y control en el Chaco, a que se consideraba facultada de acuerdo con los Protocolos de la paz, la cual fue aprobada por el Paraguay, pero sin que pudiera entrar en ejecución por las encontradas interpretaciones que en seguida suscitaron sus cláusulas principales.

El Ejército depone el coronel Franco

Los esfuerzos del coronel Franco para aglutinar, en una Unión Nacional Revolucionaria, las fuerzas políticas que le apoyaban, fueron infructuosos. Tampoco acertó a dar con la fórmula que respondiera a los anhelos revolucionarios de la masa, y por un momento creyó serían satisfechos con la doctrina totalitaria que su primer ministro del Interior, Gomes Freire Esteves, quiso implantar. Se desprendió de su apoyo, así como de los comunistas, que estuvieron representados en su Gabinete y concurrieron a su triunfo el 17 de febrero, para quedar únicamente con el grupo de Stefanich. Contra éste se desató la violencia campaña opositora del Partido Liberal desde el extranjero, minándoles rápidamente las bases de su autoridad dentro del Ejército con la crítica que se hacía de las gestiones internacionales.
La reforma agraria, que se intentó radicalmente, y para la mejora de la situación económica no atajaron la reacción popular, que pronto trascendió al seno del Ejército, donde el Gobierno tenía su sostén. El 13 de agosto de 1937 estalló un movimiento militar, que triunfó sin derramamiento de sangre y que llevó a la Presidencia de la República al doctor Félix Paiva, con el compromiso de llamar a elecciones en un plazo perentorio para la constitución definitiva de los poderes. La Constitución de 1870 fue restablecida. El general Estigarribia, que estaba desterrado en Uruguay después de largo cautiverio, fue desagraviado por los jefes del movimiento militar, aunque a Eusebio Ayala y a otros prominentes jefes liberales se les indicó la conveniencia de retrasar su regreso al país. No obstante, el Partido Liberal resolvió a poyar a la nueva situación, contra la cual los militares partidarios de Franco intentaron en tres veces, sangrientamente pero sin éxito, sublevar algunas unidades del Ejército.

La Conferencia de la Paz trata de lograr un acuerdo

Jerónimo Zubizarreta fue puesto nuevamente al frente de la Delegación paraguaya ante la Conferencia de la Paz. El primer acto de la nueva Delegación fue declarar que la reglamentación de las funciones de control y vigilancia en el Chaco no se ajustaba a los Protocolos de paz y que ella no era obligatoria mientras los Parlamentos de los dos países no la aprobaron. La Conferencia, sin insistir más en la afirmación de sus facultades de control, derivó el problema de la seguridad hacia la reglamentación del compromiso de “no agresión”. La Delegación paraguaya presentó un proyecto y la Conferencia elaboró otro, pero tampoco en este terreno fue posible el acuerdo, por lo cual, en diciembre de 1937, la Conferencia reanudó sus empeños para avenir a las partes en cuanto a la cuestión de los límites, aunque sin éxito. En febrero de 1938 el presidente Justo entregaba el poder a Roberto M. Ortiz. José María Cantilo reemplazó a Saavedra Lamas en la Cancillería y en la presidencia de la Conferencia de la Paz. En abril, la Conferencia destacó de su seno dos Delegaciones, una a Asunción y otra a La Paz, para tratar directamente con los Gobiernos y pulsar la opinión pública sobre las posibilidades de un acuerdo directo. Los delegados no pudieron lograr la aceptación de las fórmulas de arreglo que presentaron, pero se percataron del anhelo de paz que movía a uno y a otro país. Regresaron a Buenos Aires convencidos de que en el Paraguay se aceptaría un arreglo en que se reconociera el litoral en toda su extensión, y de que Bolivia, por su parte, ya no ponía ningún calor en su aspiración portuaria. Poco después la Conferencia invitó a los cancilleres del Paraguay y de Bolivia a trasladarse a Buenos Aires.

Los cancilleres se incorporan a la Conferencia

Una vez en Buenos Aires los cancilleres del Paraguay, Cecilio Báez, y de Bolivia, Eduardo Diez de Medina, el 27 de mayo de 1938 la Conferencia les propuso una fórmula de arreglo: la línea divisoria debería partir de Esmeralda, sobre el Pilcomayo, hasta un punto en el río Paraguay situado a 7.500 metros arriba de Bahía Negra, pasando por 27 de Noviembre, camino de Rabelo-Ingavi, Cerro Cristian, por entre los fortines Paredes y Pando, laguna Sin Nombre y proximidades del fortín Galpón. En canciller Báez expresó que el Paraguay no podía aceptarla porque el plan asignaba a Bolivia un sector del río Paraguay, no obstante sobre la Conferencia de la Paz que el Paraguay hacía de la conservación íntegra del litoral “un punto de vista irreducible, no solo para defender su patrimonio y los cuantiosos intereses vinculados a él, sino, además, en razón de su propia seguridad política”. Las líneas interiores tampoco eran aceptables, porque importaban “un retroceso de las posesiones paraguaya en toda la rosa de los vientos” y no cumplían la seguridad del Paraguay. Bolivia, por su parte, aceptó sin reservas la propuesta.
Invitado al Paraguay a presentar una contraposición, lo hizo el 24 de junio; en ella propugnó una línea que partiendo del Pilcomayo, frente a O’Orbigny, pasaba por Cabo Ortiz (Cururenda), Carreras Saguier (Capirenda), Carandayty, Los Maticos sobre el Parapití, Rabelo hasta el río Negro u Otuquis. La Conferencia juzgó que esta propuesta se apartaba fundamentalmente de su fórmula y se negó a considerarla. El canciller boliviano, por su parte, enterado de los términos de la propuesta paraguaya, comunicó que quedaba sin efecto su aceptación de las proposiciones el 27 de mayo. La Conferencia obtuvo que la Delegación boliviana dejara en suspenso por tres días esta retractación, con el objeto de intentar nuevos esfuerzos de conciliación, después de lo cual, si no se lograba el acuerdo, proclamaría el fracaso de todo arreglo directo entre las partes y establecería las responsabilidades del caso.

Se propone un arbitraje de equidad

Para proseguir las negociaciones la Conferencia preguntó el 26 de junio al canciller Báez si el Paraguay aceptaría la línea propuesta el 27 de mayo en caso de que Bolivia renunciara obtener un puerto soberano sobre el río Paraguay. Se le sugirió además la idea de someter la nueva línea a un plebiscito popular en el Paraguay, con lo cual se evitarían las complicaciones políticas que pudieran resultar de la aceptación obcial, aunque fuera en principio, de las líneas anteriores propuestas por la Conferencia. Zubizarreta fue de parecer que dichas líneas, mientras no fueran modificadas substancialmente para satisfacer las objeciones paraguayas, no debían ser sometidas a ningún plebiscito, y propuso que la Conferencia destacara una nueva Delegación a Asunción para negociar directamente con el Gobierno la línea definitiva que sería sometida a plebiscito.
La Conferencia de la Paz no consideró viable ninguna modificación importante de la línea del 27 de mayo, salvo que fuera en beneficio de Bolivia, que, al aceptar por primera vez la exclusión del litoral, había perdido compensaciones sobre la primera propuesta. Las perspectivas para acercar los puntos de vista sobre el trazado de la línea anterior eran muy escasas, y para más, comenzaban a llegar noticias de que Bolivia prepara un golpe de mano en el Chaco, por lo cual, el 29 de junio, el delegado Cardozo sugirió que el asunto fuera zanjado en un arbitraje de equidad, presentando el siguiente proyecto: “1° Entre la línea de la Conferencia, con exclusión del litoral y las modificaciones que consienta Bolivia, y la línea de la contrapuesta paraguaya con las modificaciones que consienta el Paraguay, está radicada la verdadera zona litigiosa; 2° Aun no ha llegado el periodo para la concertación del compromiso arbitral, de modo que no cabe todavía hablar del sometimiento de zona alguna a un arbitraje de derecho. Además, el concepto paraguayo del arbitraje se opone a la determinación de zonas de arbitraje; 3° Cabe, sin embargo, dentro del periodo actual de negociaciones directas, realizar un arbitraje rápido ex aequo et bono. El árbitro juzgaría en un periodo breve, teniendo en cuenta tanto los títulos y derechos, como los antecedentes proporcionados por la Conferencia y las partes acerca de las actuales negociaciones; 4° El árbitro demarcaría una línea entre las dos líneas mencionadas en el párrafo 1°; 5° Pueden ser árbitros, o el Presidente de la Argentina, o los Presidentes de todas las naciones representadas en la Conferencia de la Paz, o la Suprema Corte de la República Argentina, etcétera; 6° Paraguay y Bolivia firmaran un compromiso obligándose a aceptar el fallo del árbitro. Este compromiso seria ratificado por la Convención Constituyente de Bolivia, o por un plebiscito en Bolivia y por un plebiscito en el Paraguay”.

Disidencia en la Delegación paraguaya

La propuesta del 29 de junio fue aceptada por Braden, quien la presentó como suya en la Conferencia de la Paz. Zubizarreta, considerando que la fórmula había sido tramitada sin su intervención y contra su parecer, manifestó su formal oposición, pero aseguró que de su parte nada haría que pudiera constituir un obstáculo para el éxito del plan en el caso de que éste fuera aprobado por el Gobierno paraguayo. El canciller Báez resolvió aceptar el plan en gestión y el 1° de julio Zubizarreta recabó que se le desligara de la negociación, admitiendo postergar el envío de su renuncia para no crear dificultades que pudieran hacer fracasar la gestión en trámite. Desde ese momento la negociación quedó a cargo de Cardozo. Entre tanto surgía imprevista dificultad de parte de la Delegación boliviana, que había aceptado el plan emanado del Gobierno de los Estados Unidos; pero enterada, por indiscreción de la prensa, de su origen paraguayo, rectificó su actitud.
El 2 de julio, Díez de Medina hizo saber que Bolivia reputaría como acto inamistoso que el organismo mediador sometiera a las partes una nueva proposición que no le hubiera sido previamente consultada. Aludiendo al compromiso por el cual Bolivia había suspendido la retractación de su aceptación de la fórmula del 27 de mayo con el objeto de intentar nuevos esfuerzos de persuasión ante el Gobierno paraguayo, Díez de Medina declaraba que la presentación de un nuevo plan de arreglo, no solo importaría la violación de la palabra empeñada, sino también un acto perjudicial a la situación de Bolivia, pues había aceptado la línea propuesto en la convicción de que no podría servir de base para exigirle nuevas cesiones sin compensación. La nueva actitud boliviana, sumada a la disidencia de Zubizarreta, produjo desconcierto en la Conferencia. Por un lado, un sector encabezado por Braden persistió en seguir adelante con el plan del 29 de junio. Por otro, el canciller Cantilo era de parecer de apartarse de él definitivamente y emprender un último esfuerzo para hallar un acuerdo directo, y en su defecto la Conferencia debía clausurar las negociaciones.

Estigarribia apoya el plan del 29 de junio

En este momento crítico de las negociaciones llegó a Buenos Aires, el 2 de julio, el general Estigarribia, procedente de los Estados Unidos, donde desempeñaba la Legación paraguaya. En los países del Pacífico, por donde hizo el viaje, recogió coincidentes informaciones sobre los preparativos y designios bélicos de Bolivia. En Guayaquil había declarado que el Paraguay deseaba la paz, pero que si Bolivia “nos lleva a ello otra vez” el pueblo paraguayo “saldrá al frente de la batalla para vencer o morir”. La Conferencia de la Paz le pidió su importante concurso moral.
Estigarribia estudió los antecedentes de las negociaciones y de la disidencia en la Delegación nacional, y el 4 de junio informó a Báez y al presidente de la Conferencia que consideraba aceptable el plan del 29 de junio.
Al mismo tiempo ofreció su influencia moral para que un acuerdo sobre esa base fuera bien acogido por el pueblo paraguayo. La opinión de Estigarribia fue decisiva. Báez telegrafió al presidente Paiva pidiendo autorización para iniciar conversaciones sobre la base del plan en curso, dando a conocer la disidencia de Zubizarreta y la opinión de Estigarribia. El 5, el presidente Paiva aceptó en principio el plan propuesto. Conocida esta resolución, Zubizarreta envió su renuncia

Bolivia acepta la exclusión del litoral

La Conferencia, que estimó el valor de la actitud asumida por Estigarribia, acordó proseguir las negociaciones sobre la base del plan del 29 de junio. El representante del Perú, Barreada Laos, inició conversaciones con la Delegación boliviana, que llevaron a un completo acuerdo en cuanto al arbitraje de equidad. Al fin, Bolivia aceptaba que de las líneas de arbitraje fuera excluido el litoral. Era la primera vez, en el largo pleito, que Bolivia renunciaba oficialmente a su aspiración portuaria sobre el río Paraguay. Los estudios realizados por la Conferencia de la Paz sobre ese punto reforzaron la posición irreducible del Paraguay: Bolivia, para la expansión de su economía, no necesitaba una salida sobre el río Paraguay.
Para concentrar términos de compensación que satisficieran los anhelos bolivianos, los mediadores arbitraron al recurso de los puertos “psicológicos”, como Puerto Caballo. También desechada por el Paraguay la concesión del “puerto psicológico”, la Conferencia propuso el establecimiento a favor de Bolivia de un “puerto libre”, bajo soberanía paraguaya. Tampoco prosperó la idea, conviniéndose, finalmente, para facilitar el eventual comercio boliviano, el amplio libre tránsito por el territorio paraguayo y el derecho para Bolivia de instalar agencias aduaneras y construir depósitos y almacenes en la zona de Puerto Casado y siempre bajo la soberanía paraguaya. De este modo quedaba zanjado el secular debate, causa principal de la guerra del Chaco. El acuerdo final se logró el 6 de julio de 1938, fecha en que se procedió a la redacción del primer anteproyecto de Tratado definitivo.

Se rubrica el proyecto de Tratado

Obtenido el acuerdo sobre la cuestión portuaria y la zona arbitrable en el Norte, restaba encontrar la fórmula correspondiente a la limitación en el Oeste, donde Bolivia se negaba a admitir la línea del 27 de mayo como límite oriental de la zona litigiosa. Mientras tanto, en Asunción, la renuncia de Zubizarreta había suscitado revuelo general. El Gobierno envió al coronel Arturo Bray, quien tenía también la representación del Ejército, para tratar de disuadir a Zubizarreta de su actitud. Bray fue portador de nuevas instrucciones encaminadas a adaptar las objeciones que se atribuían a Zubizarreta a la fórmula en gestión. Por ellas, la zona arbitrable en el Occidente debía ser limitada por la línea de hitos, y no por los de la contrapuesta paraguaya del 24 de junio. Zubizarreta se mantuvo inflexible, actitud que alarmó seriamente al presidente de la Conferencia, quien, convencido de que su oposición, por su influencia moral y política, bastaría para hacer fracasar en el Paraguay cualquier acuerdo obtenido, propuso el 8 de julio que se dejara sin efecto lo actuado. Dominó, sin embargo, la decisión de continuar el debate para allanar las dificultades, pero esa misma noche los delegados llegaron a un acuerdo completo.
El Paraguay obtenía que al Oeste la zona de arbitraje estuviese limitada por la línea de hitos y consentía que al Este la línea en laudo pudiera llegar hasta Pozo Hondo. Documentos reversibles podría a salvo puntos considerados fundamentales por el Paraguay, tales como Fortín Galpón, Patria e Irendagüe. En la madrugada del 9 de julio ambas Delegaciones procedieron, con los mediadores, a rubricar el proyecto de Tratado, declarando que, no obstante no tener todavía la autorización de sus respectivos Gobiernos, lo consideraban, desde aquel momento, aceptable.

El Gobierno aprueba el Tratado

Este último paso fue dado por los representantes paraguayos sin expresa autorización del Gobierno, que ignoraba los términos del proyecto. Entre tanto era grande la agitación en Asunción. Los términos de la renuncia del delegado Higinio Arbo, también disconforme, aumentaron la confusión. El general Estigarribia resolvió trasladarse a Asunción para aconsejar personalmente la aprobación y firma del Tratado. Llegó el 11 de julio, en avión, acompañado del delegado Cardozo, y llevando los Protocolos rubricados.
El Gobierno, impresionado por la actitud de Zubizarreta, resolvió aguardar su llegada para tomar cualquier decisión; no obstante lo cual, en la reunión del Gabinete en que se tuvo conocimiento del proyecto del Tratado, el ministro del Interior, coronel Paredes y hombre principal de la situación, adelantó su opinión contraria al ajuste. Zubizarreta llegó el 13, pero por el momento se negó a informar al Gobierno, encerrándose en el más absoluto mutismo. Estigarribia, por su parte, públicamente hizo conocer su adhesión al convenio por medio de declaraciones a la prensa. “Los puntos jurídicos de la defensa paraguaya están satisfechos – dijo –. El convenio desde el primer momento tuvo mi aceptación. Entiendo que el arreglo entre el Paraguay y Bolivia era muy necesario, siendo sus términos aceptables tanto para el Paraguay como para Bolivia. “Bastó la palabra de Estigarribia para movilizar rápidamente la opinión a favor del Tratado. El Ejército, consultado, dio su opinión favorable. El Gobierno resolvió aprobar el proyecto. La renuncia de Zubizarreta fue aceptada. Estigarribia le reemplazó en la presidencia de la Delegación y Luis A. Riart fue designado en substitución de Arbo, que continuó desempeñando la Legación de Buenos Aires.

Se firma el Tratado de Paz

El 21 de julio de 1938, en presencia del presidente de la República Argentina doctor Ortiz, se firmó en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre el Paraguay y Bolivia. Quedaba restablecida la paz entre ambos países. La línea divisoria entre ellos tenía que ser la que determinasen los presidentes, o sus plenipotenciarios, de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, en un arbitraje de equidad, en la zona comprendida entre la línea del 27 de mayo a la contrapropuesta paraguaya del24 de junio, con exclusión del litoral al Norte, y entre el meridiano de 27 de Noviembre, la línea de hitos y el río Pilcomayo hasta Pozo Hondo, al Occidente. A los dos meses tenía que ser expedido el laudo, treinta días después se restablecerían las relaciones diplomáticas y dentro de los noventa días debía cumplirse el laudo en lo principal.
El Paraguay garantizaba el más amplio libre tránsito por su territorio, y especialmente por la zona de Puerto Casado, al Comercio boliviano, reconociendo a Bolivia el derecho de instalar en esa zona agencias aduaneras, depósitos y almacenes. Ambos países se comprometían a negociar directamente la reglamentación de este derecho y los demás convenios económicos y comerciales. Igualmente renunciaban recíprocamente a toda acción y reclamación derivada de las responsabilidades de la guerra, renovaban el compromiso de no agresión y se obligaban a recurrir en lo futuro a procedimientos conciliatorios y arbitrales para la solución de sus eventuales diferencias. El tratado tenía que ser ratificado, dentro de un plazo de veinte días, por un plebiscito nacional en el Paraguay por la Convención Nacional Constituyente en Bolivia. En representación del Paraguay firmaron el Tratado Cecilio Báez, el general Estigarribia, Luis A. Riart y Efraím Cardozo; por Bolivia, Eduardo Díez de Medina y Enrique Finot; firmaron también los representantes de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Chile, Perú y Uruguay. El Tratado fue subscrito “bajo los auspicios y garantía moral de los seis Gobiernos mediadores”.

Un plebiscito ratifica por abrumadora mayoría el Tratado

En el Paraguay el Tratado fue sometido a un plebiscito popular. El Partido Liberal, de cuya presidencia también se alejó Zubizarreta siendo reemplazado por Jerónimo Riart, aconsejó la aprobación del Tratado. El Partido Colorado se pronunció en contra, lo mismo con la Unión Nacional Revolucionaria, partido del coronel Franco. El Episcopado, en carta pastoral, opinó que los católicos debían votar a favor del Tratado. El general Estigarribia, en vísperas del plebiscito, firmó la siguiente proclama: “Compatriotas: Con la misma resolución, con la misma fe inquebrantable en nuestros destinos, con los mismos sentimientos del más puro patriotismo con los cuales os he convocado en 1932 a empuñar las armas, hoy os invito a depositar vuestros votos a favor del Tratado de Paz”. El plebiscito se efectuó el 10 de agosto, con una concurrencia de ciudadanos como no se recordaba en ningún acto cívico anterior. Aunque el voto era secreto, muchos decidieron hacerlo públicamente. El Ejército presidió el acto y verificó el escrutinio. Sus resultados superaron todas las expectativas. Hubo 135.385 votos a favor de la aprobación del Tratado, 13.204 en contra y 559 en blanco. Ese mismo día, en Bolivia, la Convención Nacional Constituyente aprobaba el Tratado por gran mayoría. Canjeadas las ratificaciones, el Colegio Arbitral quedó constituido el 8 de septiembre con los delegados ente la Conferencia de la Paz investidos del carácter de plenipotenciarios por sus respectivos presidentes. El Colegio Arbitral constituyó una comisión militar que, destacada en el terreno, debía aconsejarle acerca de las posibles soluciones. El 26 de septiembre, la Delegación boliviana presentó su alegato. La Delegación paraguaya, que estaba presidida por el general Estigarribia y que integraban Luis A. Riart y Efraím Cardozo, hizo lo propio el 30 de septiembre, y el 6 de octubre la Comisión militar asesora escindió su informe.

El laudo arbitral

El 10 de octubre de 1938 el Colegio Arbitral dictó su fallo: en el Norte la línea partía de la desembocadura del río Negro en el río Paraguay, seguía el río Negro hasta la intersección del paralelo 19° 49’ 40’’ de latitud Sur, de allí a Cerrito Jara, pasando luego por el cerro Chovoreca, por la intersección del meridiano del fortín Paredes con el paralelo de fortín Rabelo, por Palmar de las Islas, por el cerro Capitán Ustarez, hasta 27 de Noviembre o Gabino Mendoza. En la zona Oeste la línea partía de 27 de Noviembre hasta Villazón, a 15 kilómetros al oeste de Irendagüe, pasaba a 10 kilómetros al oeste de Estrella, para terminar en el río Pilcomayo en el lugar denominado Esmeralda. El Consejo Arbitral, a demanda de la Delegación paraguaya, aclaró que los fortines Patria y Galpón, así como Irendagüe, quedaba dentro de la jurisdicción del Paraguay, de acuerdo con la sentencia arbitral. El 13 de octubre Bolivia informó al Colegio Arbitral que acataba el laudo, y el 20 hizo lo mismo el Paraguay. El 25 de noviembre quedó constituida la Comisión Mixta encargada de la demarcación. El 28 de diciembre tuvo efecto en Villa Montes la solemne entrega y consiguiente toma de posesión de los territorios que por el fallo una de las partes debía entregar a la otra, y el 23 de enero de 1939 la Conferencia de la Paz declaró que había cumplido la misión de su convocatoria y que, en consecuencia, daba por concluidas sus funciones. El pleito del Chaco había terminado.

Bibliografia: Efraím Cardozo "Paraguay Independiente"

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